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El General Prim (1814-1870), conde de Reus, marqués de Castillejos y vizconde del Bruch, fue un distinguido militar y político español del partido progresista, nacido en Reus, cuya enorme personalidad hizo que llegase a ser presidente del gobierno de España durante los años 1869 y 1870. Previamente había sido ministro de la guerra. Lamentablemente perdió la vida el 30 de diciembre de 1870 en un atentado acaecido en la calle del Turco - hoy calle de Marqués de Cubas - cuando, finalizada una durísima sesión parlamentaria, se dirigía desde el palacio de las Cortes en la Carrera de San Jerónimo hasta su residencia oficial.  El general Prim no murió en el atentado; algunos investigadores señalan que murió tres días después a consecuencia de la infección que le provocaron los disparos sufridos. Según parece la infección se la provocó el abrigo de piel de oso con que se cubría Prim dado que parte de la piel penetró junto con la balas en el cuerpo del general. Desde luego, no murió en el acto porque se sabe por algunos testigos que entró a pié en el ministerio de la guerra, lugar al que se dirigió después del atentado, situado en el palacio de Buenavista, actual sede del cuartel general del ejército situado en la plaza de Cibeles

Siempre ha habido muchas dudas sobre quién cometió el asesinato de Prim y, sobre todo, quién lo inspiró. A la luz de la historiografía más reciente parece que el más significado inspirador del asesinato fue el duque de Montpensier que fue hijo del rey Luis Felipe de Orleans, padre de Mercedes de Orleans y suegro de Alfonso XII. Desde luego el general Prim se opuso radicalmente a que el duque de Montpensier, a la caída de Isabel II, fuese elegido rey de España. La conspiración pretendió acabar con la monarquía liberal de Amadeo de Saboya, el cual había sido propuesto por el general Prim y al que tenía que recibir al día siguiente del atentado. Lo primero que hizo el rey Amadeo de Saboya al llegar a Madrid fue rendir homenaje ante el cadáver de Prim. A consecuencia de la muerte del general, se sucedieron algo más de dos años convulsos hasta que Amadeo de Saboya decidió dimitir "ante un país de locos". La dimisión de Amadeo de Saboya abrió paso a la primera República Española (1873-1874), la cual finalizó a su vez con el golpe de Estado del General Pavía, dando lugar a la monarquía de Alfonso XII.

Prim tuvo una carrera militar brillante en la que demostró un arrojo, una valentía y una inteligencia muy estimables, especialmente durante las guerras carlistas y de África. Es bien conocida la expresión de Prim: "caja o faja", indicando en que lucharía hasta la muerte o hasta conseguir la faja de general. Nunca fue un personaje neutro y de él se podía predicar aquello de que o se le amaba o se le odiaba. Lo que no hay duda es que tenía una fuerte personalidad y de no haber muerto en el atentado que le costó la vida la historia de España hubiese sido bastante distinta. Tal vez el gobierno de Amadeo de Saboya se hubiera estabilizado dando lugar a una época progresista más estable.


Cinco presidentes de gobiernos españoles - Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco - fueron asesinados en diversas circunstancias y por diversos motivos. Un triste récord no superado por otros países similares al nuestro. La violencia innata de determinados españoles, la convulsa política española durante más de dos siglos, la incapacidad de las estructuras del estado para proteger a sus presidentes de gobierno y la falta de mentalización de los presidentes asesinados para autoprotegerse fueron las causas de semejante desastre.

Afortunadamente, parece que la experiencia acabó por hacer que se adoptasen las medidas oportunas para evitar que se produjeran más atentados. A partir de Carrero Blanco, asesinado en 1973 por la Eta, no se ha vuelto a producir ningún asesinato de presidente de gobierno a pesar de que ya ha habido 7. Los tiempos han seguido siendo convulsos pero las medidas han funcionado y se han evitado atentados como los que produjeron la muerte de otros presidentes de gobierno de España. Es de desear y de esperar que todo siga bajo control.

De la muerte de Prim y de los otros presidentes de gobierno españoles asesinados se puede extraer la conclusión de que la prevención es la mejor forma de evitar que se produzcan tales tragedias. Es imprescindible que los directivos sepan y se mentalicen de que hay que actuar de forma proactiva para así tener que ser reactivo. Antes de que nos pase algún desastre es fundamental prevenir y prepararse para luego no tener que lamentarse y reaccionar cuando ya las cosas no tiene remedio.

En el mundo de las organizaciones modernas  la prevención y la proactividad se hacen cada vez más imprescindibles; buscar soluciones reactivas no es ni mucho menos lo mejor. Se adoptan con prioridad políticas reactivas que sólo deberían practicarse cuando fallen las proactivas. Lo importante es prevenir y ser proactivos y así se evitarán muchas actuaciones reactivas que serán muy costosas y que no evitarán el que ocurran las desgracias.



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