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GALARDONES y DISTINCIONES

Sin duda alguna, se puede considerar la rueda como uno de los grandes inventos de la humanidad. Hoy es un dispositivo tan familiar y evidente que parece imposible que no pocas e importantes civilizaciones pudieran carecer de la rueda. Sin embargo las civilizaciones precolombinas - incas, aztecas y mayas -, por poner un ejemplo, que dominaban técnicas muy depuradas, como el calendario maya, no conocieron la rueda o no la emplearon como para que fuera un elemento fundamental para su desarrollo. Es muy posible que ello se debiera a la ausencia, salvo excepciones, de animales de tiro que son los que auténticamente impulsaron la rueda. El suelo escarpado en el que se movían tampoco fue un elemento que favoreciese el desarrollo de la rueda.

Los egipcios conocían la rueda pero, como los mesoamericanos, la aplicaron poco; prefirieron utilizar el trineo que encajaba mejor con las condiciones de su suelo que, en su mayoría, era arenoso.

¿Hasta qué punto condicionó la historia de Egipto y de Mesoamérica el no haber utilizado la rueda? Posiblemente bastante más de lo que pudiéramos creer. 

Se estima que la rueda fue inventada en el quinto milenio a. C. en Mesopotamia. En su inicio se utilizó con la función de rueda de alfarero. Posteriormente se empleó en la construcción de carros y se difundió por el Viejo Mundo junto con los carros y los animales de tiro. A Europa y a oriente próximo llegó la rueda en el cuarto milenio a.C. y a la India en el tercer milenio a.C.

La evolución de la rueda está ligada a la evolución de sus dispositivos añadidos para mejorar las piezas que tenían un mayor desgaste. También estaban orientados a disminuir el peso de las ruedas y de los carros. En la evolución de la rueda cabría destacar como innovaciones importantes: el radio, la cinta metálica protectora alrededor de la propia rueda, anillos de bronce como rodamiento, cojinetes,... Habría que esperar al siglo XIX para que llegasen los neumáticos; a partir de ese momento la evolución de la rueda ha estado indisolublemente unida al automóvil.


Muchos de los descubrimientos que hoy nos parecen tan evidentes, como la rueda, son los que que han condicionado la historia de la humanidad. Es evidente, por ejemplo, que la numeración árabe transmitida por el matemático persa Al Kuaritmi, de donde viene la palabra algoritmo, ha tenido una importancia decisiva para el desarrollo de occidente. De hecho, su utilidad ha sido tan decisiva que Max Weber llegó a señalar que sin la numeración árabe no se podría haber desarrollado el sistema capitalista.

Los países que no adoptaron la numeración árabe y sus correspondientes algoritmos de cálculo, se tuvieron que hacer valer de los ábacos sin los cuales les hubiera sido imposible manejarse para realizar operaciones aritméticas elementales. Recuerdo que todavía, en mi primer viaje a la Unión Soviética, allá por los años 70, todos los dependientes utilizaban el ábaco tradicional para hacer las rutinarias operaciones al objeto de calcular el importe total de las compras realizadas.

La idea fundamental que conviene tener en cuenta hace referencia a la importancia que conviene dar a innovaciones evidentes que por su propia evidencia no se utilizan con la profundidad que se debiera. En un momento como el actual en que nos llegan constantemente miles de innovaciones, se hace especialmente interesante el dedicar atención a las que pudieran parecernos más simples, pues, al igual que en el caso de la rueda, pueden llegar a condicionar nuestro futuro desarrollo. No hay que despreciar lo evidente, sino todo lo contrario. Lo evidente se desprecia con facilidad y se dedica demasiado tiempo a innovaciones más sofisticadas que por su propio carácter suelen llamar más la atención. Lo simple suele proporcionar más utilidad que lo complejo aunque también conviene recordar las palabras de Einstein de que: "hay que hacer las cosas simples pero no hasta el punto de que sean idiotas".



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