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Galardones
GALARDONES y DISTINCIONES

El General Manuel Pavía y Rodriguez de Alburquerque dio un golpe de estado el 3 de enero de 1874, utilizando para ello una vía original y eficaz aunque un poco salvaje; entró a caballo en las Cortes Españolas procediendo a su disolución. Con este golpe finalizó la Primera República Española y se dio paso al reinado de Alfonso XII y a los sucesivos gobiernos alternantes de Cánovas y Sagasta.

Ya en 1866 participó en la sublevación de Villarejo, por lo que fue destituido y condenado al exilio. Con la revolución La Gloriosa, también denominada La Septembrina, y la llegada de la Primera República Española, Pavía retorna a España y, durante la presidencia de Castelar, llega a ser Capitán General de Castilla La Nueva. Precisamente, cuando Castelar pierde una moción de confianza, es cuando Pavía entra en Las Cortes a caballo y las disuelve.

Francisco Umbral en un artículo en El País el 2 de octubre de 1979, comentó el golpe de Pavía y las palabras de Alfonso Guerra cuando señaló en el Congreso de los Diputados que "si el caballo de Pavía entrase en el Congreso, Suárez se subiría en él". Se trató de una clara premonición aunque sólo parcial. Menos de dos años después entró en el Congreso el teniente coronel Tejero que sin caballo pero con pistola y malos modales, intentó dar un golpe de estado que acabó en un triste sainete. Pavía alcanzó el éxito pero Tejero fracasó e hizo un espantoso ridículo, consiguiendo, eso sí, que España hiciese también, una vez más, el ridículo ante el mundo entero.

Tejero convirtió en una farsa, como siempre suele ocurrir cuando la historia se repite, la tragedia que supuso el golpe de Pavía. Guerra se equivocó rotundamente cuando supuso que Suárez se pondría de parte de los golpistas cuando lo que realmente ocurrió es que se comportó leal y dignamente manteniendo indemne su honor y, lo que es más importante, el de España.


Hay un proverbio español que indica eso de que: "De casta le viene al galgo". Si has visto un determinado comportamiento inadecuado en alguien no le des segundas oportunidades o, al menos, mantén bajo vigilancia estricta su comportamiento. Sin duda alguna, habría que haber vigilado al General Pavía; tal vez así se hubiese salvado la Primera República Española.

La visceralidad como la del General Pavía acaba pagándose. Después de la caída de la Primera República, Pavía reunió a políticos de todos los partidos menos a los cantonalistas y a los carlistas. De ahí salió el gobierno del General Serrano y Pavía se quedó sin ser jefe de gobierno. En política y en dirección de empresas suele imponerse siempre la moderación.



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