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Galardones
GALARDONES y DISTINCIONES

La historia siempre ha demostrado que hay una gran cantidad de personas que detestan todo posible cambio e innovación. Prefieren mantener el statu quo y enfrentarse a cualquier cambio y más, como diría Lichtember, si es para mejorar.

Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós, es una novela berroqueña en que los personajes están, más que definidos, perfectamente esculpidos. Es una novela de buenos y malos, de liberales y fanáticos, de partidarios del progreso y de defensores de la reacción, de aperturistas y de fundamentalistas, de ilustrados y de cerriles. La esencia del conservadurismo la representa la beata doña Perfecta y la del progreso el ingeniero Pepe Rey.

Pepe Rey, hombre moderno, partidario del progreso y de la modernidad llega al pueblo de Orbajosa para, instado por su padre, casarse con su prima Rosario. La madre de ésta, doña Perfecta, aunque aparenta beatitud y bondad, es una mujer de fuerte personalidad y es la que, junto con el cura, corta el bacalao en el pueblo. Es una fanática y fundamentalista católica que rápidamente se da cuenta de las ideas de Pepe Rey. Entre la madre y el cura, apoyados por un pueblo reaccionario que critica a Rey por cuestiones como la de defender las teorías de Darwin, intentan deshacer el matrimonio de Pepe y de Rosario a pesar de que ambos se han enamorado. Doña Perfecta, para cortar por lo sano y acabar definitivamente con el matrimonio de Pepe y Rosario, encarga a Caballuco, una autoridad de la comarca dominada por doña Perfecta, que mate a Pepe y éste así lo hace. Rosario acaba en un asilo para locos y doña Perfecta continua dando más limosnas que nunca.


La tensión entre conservadores y partidarios del progreso es algo que está latente no sólo en la política, en la religión o en la cultura sino también en la forma de entender cómo debe funcionar una empresa. En no pocas ocasiones, cuando al director general de una empresa decide automatizar en profundidad su organización, suele haber una serie de directivos que se oponen rotundamente a este cambio prefiriendo que las cosas sigan así indefinidamente aunque sea a costa de hundir la empresa. El odio de determinados ejecutivos a todo lo que suene a automatización y progreso les lleva a caer en el síndrome de doña Perfecta y a luchar por el mantenimiento del statu quo a costa de lo que sea.

Aunque, por el apoyo de la dirección general, la informática vaya abriéndose camino, la actitud beligerante de los retardatarios seguirá presente durante años e intentarán, aprovechando cualquier fallo, rápidamente poner sobre la mesa la idea de que la automatización de los procesos no ha hecho más que derrochar recursos y provocar gastos disparatados sin conseguir ningún auténtico beneficio. Afortunadamente las posturas a los doña Perfecta acaban por quedar descalificadas no sin antes haber conseguido dejar varios cadáveres, eso sí virtuales, entre los "odiados" consultores que desarrollaron los procesos de informatización. Lo que nunca se puede hacer es ceder y volver otra vez al pasado y a la gestión manual. Con tenacidad, pericia y buen hacer los procesos de automatización, a pesar de todas la dificultades, seguirán adelante como siempre ha pasado con el progreso.



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