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GALARDONES y DISTINCIONES

Doña Juana I de Castilla (1479-1555), conocida como Juana la Loca, fue hija de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, esposa de Felipe el Hermoso y madre de Carlos I de España y V de Alemania. Según parece, la enfermedad mental que padeció se acrecentó por los celos que sintió de su marido Felipe de Habsburgo. Al morir éste - al parecer envenenado - su enfermedad se agravó. Durante más 7 meses el cadáver de su esposo fue trasladado hasta Granada en un penoso viaje en el que la reina Juana acompañó al cadáver de su marido. Durante el paso de la comitiva por las diversas ciudades y pueblos del trayecto se evidenció la cada vez más agudizada locura de la reina.

Reinó desde 1504 hasta su muerte acaecida en Tordesillas en 1555. A partir de 1506 no ejerció poder efectivo alguno dadas sus condiciones de salud y desde 1509 a 1555 estuvo recluida en un palacio de Tordesillas, primero por orden de su padre, Fernando el Católico, y más tarde por decisión de su hijo, Carlos I de España. De los casi 47 años que duró su triste encierro pasó largos años humillada y maltratada por los encargados de su custodia; en especial por el Marqués de Denia al que se le había encomendado su tutela. Sólo al final de su vida mejoró su estado de salud mental gracias a la intervención de San Francisco de Borja que había sido enviado por Carlos I para que investigase si la reina estaba embrujada. El santo llegó a la conclusión de que no estaba embrujada y gracias a las conversaciones mantenidas con la reina Juana la salud de ésta mejoró.

Juana la Loca nunca fue desposeída del título de Reina de Castilla, figurando siempre delante de Carlos I en la firma de los documentos oficiales. En las monedas acuñadas en la época siempre figuró la reina Juana junto a su hijo el rey Carlos I. Durante los largos años de su locura siempre encontró partidarios que la defendieron y que consideraron que estaba sana. Así, por ejemplo, los comuneros de Castilla tomaron parte por Juana la Loca y durante una época parece que la reina entendió y apoyó las reivindicaciones de éstos. En suma, triste final para quién primero fue infanta de Castilla y Aragón, archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes; finalmente, reina de Castilla, de León, de Galicia, de Granada, de Sevilla, de Murcia, de Jaén, de Gibraltar, de las Islas Canarias y de las Indias Occidentales, de Navarra y de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Nápoles y Sicilia, además de otros títulos como condesa de Barcelona y señora de Vizcaya.


Es bastante habitual que cuando alguien relevante cae en desgracia en una organización y no conviene o no es fácil despedirlo, se proceda a su marginación y aislamiento de forma que se ignore su presencia y se proceda a su olvido. Carlos I solucionó la molesta presencia de la reina Juana encerrándola en Tordesillas donde permaneció ininterrumpidamente durante 47 años sin preocuparse de ella y dejándola en manos de un miserable como el marqués de Denia que humilló y maltrató física y psicológicamente tanto a la propia reina como a su hija pequeña, Catalina, que permaneció con la reina hasta que en 1525 se casó con Juan III de Portugal. Tanto interés se puso en aislar a la reina que ni siquiera fue trasladada desde Tordesillas a otra localidad cuando la peste se adueñó de la ciudad.

Carlos I encerró a la reina en Tordesillas con el ánimo de evitar que pudiese surgir algún grupo partidario de la reina Juana. También en las organizaciones es muy habitual aislar y alejar al directivo caído en desgracia para no dar lugar a que sus posibles defensores puedan organizar una cierta resistencia. El que podríamos denominar síndrome de Tordesillas también está muy presente en muchas empresas e instituciones.



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