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Desde Elton Mayo hasta hoy día, los expertos en psicología del trabajo coinciden casi unánimemente que la mejor forma de mejorar el rendimiento de los profesionales del conocimiento es hacer un número de pausas significativo a lo largo de la jornada laboral. Trabajar una hora y media y hacer una pausa de 10 o 12 minutos proporcionará un mayor rendimiento que si se trabaja de seguido con jornadas ininterrumpidas excesivamente largas y estresantes.

Leonardo Da Vinci, cuando estaba pintado su famosa obra en la iglesia de Santa Maria delle Gracie de Milán, dedicaba varias horas a soñar despierto a pesar de las protestas del prior para que trabajase de continuo sin hacer pausas. Leonardo no le hacía caso tomándose pausas frecuentes. Ante las protestas del prior, Leonardo le decía “a veces se produce más cuando se trabaja menos”. Durante 7 largos años Leonardo recorrió toda Italia para encontrar los modelos que le habrían de servir para reflejar a Jesús y a los apóstoles. Al primero que buscó y encontró fue al joven que debía representar a Cristo. Era un joven con un rostro tranquilo, juvenil, bello e inocente. Durante 6 meses trabajó intensamente para componer al personaje principal. Después, durante 7 largos años fue seleccionando y pintando a los apóstoles. Al que más tardó en encontrar fue a Judas, hasta que consiguió a un presidiario, asesino y ladrón, con mala catadura, el rostro retorcido, la cara llena de cicatrices y una enorme expresión de maldad. El presidiario estaba en la cárcel de Roma. Se consiguió un permiso especial para trasladarlo a Milán. Cuando hubo terminado su retrato, después de 6 meses, el presidiario le dijo a Leonardo:

- ¿No me conoces Da Vinci?

El artista no era capaz de reconocerle, aunque el penado le hacía una y otra vez la misma pregunta. Viendo que Leonardo no era capaz de reconocerle, el terrible asesino, al fin, le dijo a Leonardo:

- Yo soy el que hace 7 años te sirvió de modelo para retratar la imagen de Cristo


Leonardo Da Vinci era un trabajador del conocimiento y, salvando las diferencias, los informáticos también son trabajadores del conocimiento y seguramente con sus pausas, contribuyan a resolver problemas que no se resolverían si se les pusiese en plan estajanovista como si su trabajo fuese el de obreros industriales insertos en una cadena de fabricación sin posibilidad de pausa alguna durante su trabajo.

La resolución de muchos algoritmos concretos de programación se ha producido cuando el experto estaba en alguna de las tres típicas B - BATH (baño), BED (cama) o BUS (autobús) -, no precisamente cuando estaba atado a la pata de su mesa intentando conseguir, vanamente, una mejora de su rendimiento. Ahora que no se puede fumar en el puesto de trabajo, la realidad es que, al menos en las empresas liberales, y siempre dentro de lo razonable, se permite que los trabajadores salgan a la calle a fumar un cigarrillo. Durante esas pausas lo más seguro es que estén reflexionado sobre el asunto del trabajo  que les preocupa y, como consecuencia directa, aportarán ideas que mejorarán su rendimiento. Es evidente que Elton Mayo, en los años 20 y 30 del siglo pasado, defendió las pausas no tanto para favorecer al trabajador como para conseguir mayor rendimiento para la empresa. Por tanto, no se puede por menos de decir: ¡¡¡Vivan las pausas!!! ya que benefician tanto al trabajador como a la empresa.



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