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GALARDONES y DISTINCIONES

La historia de España y Portugal siempre ha constituido una serie de acontecimientos desafortunados en que, al final, al menos por el momento, los dos países han permanecido separados. La victoria portuguesa en la batalla de Aljubarrota, en 1385, consolidó a Juan I de Portugal, de la dinastía de Avís, en el trono, haciendo que se perdiera la esperanza de una unión entre España y Portugal. La unión de las dos monarquías en Felipe II fue efímera - 60 años - y, por la ceguera del Conde Duque de Olivares, se produce la separación definitiva de ambas monarquías a consecuencia de la Guerra de los 30 Años y de la Paz de Westfalia. Si ambos países hubieran permanecido unidos Iberia hubiera sido una potencia mucho más importante que la resultante de España y Portugal.

En "La balsa de piedra" José Saramago presenta una hipótesis imaginativa y excitante en la que se plantean las relaciones entre España y Portugal y las de la península Ibérica con el resto de Europa. Sin causas explicables se produce un movimiento sísmico en los Pirineos en la frontera entre España y Portugal. Como consecuencia de dicho movimiento toda la península Ibérica, como una balsa de piedra, se desprende de la parte continental y navega a la deriva hacia América. Los portugueses y los españoles se sienten desorientados y sin saber qué hacer.

El propio Saramago hablando de su novela señala lo siguiente: se trata de "una novela profundamente ibérica", relativa a "Portugal y al conjunto de los pueblos españoles, que siento que comparten una cultura común, una cultura que no es rigurosamente europea: es otro mundo, un mundo con un carácter tan fuerte, tan propio, que los pueblos de la Península deberían hacer un gran esfuerzo de entendimiento mutuo para resistir a las presiones de la cultura europea, que no es sino la cultura de los tres países dominantes, Francia, Alemania e Inglaterra".


Sería interesante reflexionar sobre lo que pasaría si los centros informáticos de las empresas soltasen amarras y, como en la balsa de piedra de la novela de Saramago, se independizasen del resto de las unidades de la organización. Es indudable que el soltar amarras totalmente no tiene sentido alguno; nadie puede dudar que un centro informático sólo tienen sentido si es para dar servicio a la empresa a la que pertenece. Hacer aplicativos sin usuarios es tan absurdo como hacer trenes, coches o barcos sin pasajeros.  

Ahora bien, dicho lo que es obvio, sí que sería positivo que los centros informáticos tuvieran mucha mayor autonomía y no se tuvieran que ajustar en su funcionamiento al resto de la organización. Las funciones informáticas requieren para su desempeño una forma distinta de organizarse si se quiere que sean eficaces y eficientes. La opción ya utilizada en muchas empresas de crear una empresa informática independiente que, en régimen de externalización, proporcione servicio a su empresa matriz, viene funcionando bien desde hace muchos años. Desde luego es una forma segura de alcanzar más rendimiento y, sobre todo, de evaluar con exactitud los costes informáticos y de controlarlos perfectamente algo que no es nada fácil cuando todo está amalgamado.

Al igual que sería un error que la balsa ibérica soltase amarras de Europa, sí estaría acertado el que la informática funcionase en forma de balsa pero, sin duda alguna, amarrada a su empresa.



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