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GALARDONES y DISTINCIONES

El 13 de agosto de 1961 el gobierno de la República Democrática Alemana, por sorpresa, decidió levantar un enorme muro de fábrica que recorría toda el perímetro del Berlín libre con el execrable objetivo de evitar la huída de numerosos ciudadanos alemanes del sector comunista que querían rehacer sus vidas en la Alemania libre. El mundo reconoció a dicho muro como el Muro de Berlín mientras que los comunistas lo denominaron Muro de Protección Antifascista. El Muro de Berlín fue el símbolo más significativo de la Guerra Fría entre el mundo libre y el comunista. Llegó a tener un total de 160 kilómetros de longitud, 45 de los cuales dividían a la ciudad de Berlín y los restante 115 aislaban el Berlín comunista del resto de los territorios libres.

Además del muro físico, una tupida red de guardias vigilaba e intentaba evitar cualquier huida de sus ciudadanos aún a costa de disparar y matar a los que intentasen huir. Durante los casi 30 años en que se mantuvo levantado el muro, fueron asesinados 270 ciudadanos, constituyendo una de las operaciones represivas más infamantes de la historia. El levantamiento del muro contribuyó de forma definitiva al desprestigio del comunismo internacional y a su hundimiento definitivo.

La crisis de la URSS y su insoportable situación económica provocó el que, casi de repente y para sorpresa de todos, el 9 de noviembre de 1989, en la época de Gorbachov, el inspirador de la glasnot (trasparencia) y de la perestroika (reestructuración), se produjese el derrumbamiento físico del odioso y odiado muro. Su caída fue un momento inolvidable y un triunfo para la democracia y la libertad. Poco tiempo después, en 1991, se produciría el derrumbamiento del imperio soviético y la desaparición de todos los regímenes comunistas de los países satélites de la URSS y el fin de ese Telón de Acero del que habló Churchill y que se extendió desde el Báltico hasta el mar Negro. Al final había vencido la libertad y la democracia y se había hundido una dictadura execrable y odiosa que había durado, en el caso de la URSS, 74 largos años y en el caso de los países satélites 46 años, desde la Conferencia de Potsdam en 1945 hasta agosto de 1991.

Durante las primeras semanas desde la caída del Muro de Berlín miles de ciudadanos de todos los países del mundo acudieron a Berlín y se acercaron al muro para, de forma espontánea, golpearlo con martillos y todo tipo de instrumentos al objeto de derrumbarlo uniendo así a las dos ciudades. Yo tuve ocasión de acudir a Berlín una semana después de la caída del muro y golpearle con un martillo arrancando varios trozos que conservo en mi casa como una auténtica reliquia laica.


Nada más torpe para cualquier organización que mantenerla a base de represión, miedo y amenaza contra sus profesionales. Sólo mediante el convencimiento es como las empresas e instituciones pueden conseguir que los que trabajan en ella lo hagan con entusiasmo, plena dedicación y alto rendimiento. Durante un determinado periodo de tiempo se podrá mantener a sus trabajadores bajo la opresión pero antes o después todo acabará derrumbándose como un castillo de naipes.

Las empresas de éxito dedican una atención muy especial a motivar a sus profesionales. Sólo así se podrá conseguir alcanzar el más alto rendimiento por todos los que trabajan en la empresa. La capacidad de liderazgo y la motivación, evitando la represión, conseguirán infinitamente más que el miedo y la amenaza. Eso que es cierto a nivel de un país también lo es a nivel de empresa. No tenerlo claro es caminar hacia un inevitable e imparable desastre. Durante un tiempo, que además no será muy largo, es posible que la represión pueda funcionar pero, antes o después, la amenaza y el miedo se acabarán convirtiendo en herramientas inútiles que provocarán la desbandada general de la organización y su total fracaso El ejemplo del Muro de Berlín y de los países comunistas nos permiten contrastar los nefastos efectos que producen las políticas de miedo y represión.



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