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A lo largo de la historia la actitud recogida por Lope de Vega en su obra El Perro del Hortelano, ha sido una de las constantes históricas más sólidas. La obra se inspira en el refrán que dice: "El perro del hortelano, ni come las berzas ni las deja comer al amo". Cuenta las andanzas de una dama presumida y frívola, Diana, condesa de Belflor y de su secretario Teodoro, un joven escritor de condición social plebeya.

La condesa está enamorada de su secretario Teodoro pero no le es posible casarse con él por su baja condición social aunque tampoco puede tolerar que Teodoro y su sirvienta Marcela puedan mantener relaciones amorosas y, por ello, mediante las oportunas intrigas y maniobras, intenta estropear esta relación.  En suma la condesa mantiene enredado a Teodoro, dándole celos,  pero sin dar el paso definitivo de unirse a él, ni tampoco permite que Marcela se haga con Teodoro. Al final, mediante una maniobra de Tristán, el bufón de la duquesa, se consigue engañar a un duque español y que éste reconozca a Teodoro como el hijo que creía muerto, aunque eso no sea cierto en absoluto. Ante esta nueva situación Diana acaba definitivamente unida a Teodoro.


En la vida de las empresas es muy habitual que se presenten situaciones como la de "El perro del hortelano", pero no en el plano sentimental, que también las hay, sino en el profesional. En no pocas ocasiones se ofrece un puesto a un determinado ejecutivo y éste no lo acaba de aceptar pero tampoco de rechazar, manteniendo una situación ambigua que acaba por hartar al que le ha ofrecido el puesto, al dubitativo que no come ni deja comer  y a los que están en fila de espera y estarían encantados de aceptar el puesto que el primero no acaba de aceptar ni de rechazar.

Las posturas a lo perro del hortelano son nefastas para todas las partes implicadas. Lo conveniente en estos casos es que el jefe que ha hecho la oferta dé el oportuno ultimátum y fije una fecha final para que el dubitativo elija definitivamente una u otra opción. Por parte de aquel al que le ha hecho la oferta lo que tiene que hacer es fijarse el mismo la fecha final para tomar la decisión, sin intentar alargar su decisión indefinidamente. Eso sí, antes de tomar su decisión definitiva conviene que haya evaluado de forma sistemática y cuantificable las ventajas e inconvenientes de la oferta que se le ha hecho y compararla con el puesto que venía ocupando hasta el momento. Reflexionar sobre una oferta no sólo es conveniente sino imprescindible, pero una vez hecha la oportuna reflexión, hay que actuar y no seguir dándole vueltas a la cabeza. En cualquier caso, aunque se cometa un error, la vida no es definitiva y siempre hay formas de enmendar dicho error.



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