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GALARDONES y DISTINCIONES

Benito Mussolini, conocido como el Duce, fue militar, político y principal ideólogo y protagonista del movimiento fascista tanto a nivel italiano como mundial. Su pensamiento se caracterizó por el nacionalismo, el totalitarismo, el racismo, el autoritarismo, el anticomunismo y el antiliberalismo. Fue el tercer hombre del Partido Socialista Italiano hasta que lo abandonó para crear en 1920 el Partido Nacional Fascista. El 28 de octubre de 1922 da un golpe de fuerza con el desfile de 40.000 de sus partidarios, los cuales eran denominados "camisas negras", en la conocida como marcha sobre Roma. Ante una situación insostenible el Rey ofrece el gobierno a Benito Mussolini, consiguiendo 316 votos a favor, 116 en contra y 7 abstenciones. Una vez más, como sucedió más tarde con la toma del poder por Hitler, la democracia otorgó el poder a un auténtico dictador. A partir de 1922 y hasta 1943 Mussolini fue Primer Ministro del Reino de Italia. Durante sus años de gobierno consiguió estabilizar y desarrollar la economía italiana y, muy especialmente, las obras públicas. Sin embargo, actuó como un auténtico dictador persiguiendo a sus adversarios y cometiendo injusticias y manipulaciones inadmisibles. Su dominio de la propaganda, al igual que hizo Hitler, fue enorme lo que le permitió mantener el poder y actuar arbitrariamente sin problema alguno.

El avance imparable de las tropas americanas desde el sur hizo que Mussolini se viera acosado políticamente. En 1943, el Rey le destituyó para nombrar a Badoglio en su lugar, pero Hitler devuelve el poder a Mussolini en 1943, ejerciendo hasta 1945 el nuevo cargo de Presidente de la República Social Italiana hasta 1945. Dicha república fue conocida como la República de Saló, pequeña ciudad al lado del lago de Garda donde estuvo residenciada aquella. La nueva república fue un auténtico títere en manos de los alemanes y Mussolini nunca volvió a ejercer poder real.  .

Benito Mussolini potenció el colonialismo llegando a crear un gran imperio colonial en la África oriental, siendo la perla de la corona de sus posesiones Etiopía, a la que anexionó en 1936, después de una guerra sucia en la que utilizó las armas químicas y se saltó impunemente los acuerdos internacionales de no atacar instituciones e instalaciones de la Cruz Roja. El año 1936 supone el de máximo prestigio, poder y esplendor del dictador italiano. Ese año, en la cúspide de su poder, el Duce nombra a Galeazzo Ciano, su yerno, ministro del exterior.

Durante la Segunda Guerra Mundial se alineó y alió con Adolfo Hitler y el nazismo, constituyendo el denominado Eje. Después de 23 años de gobierno y con la imparable derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial a manos de los aliados occidentales, su impopularidad e incluso odio fue un sentir generalizado por parte del pueblo italiano. Tuvo un dramático final siendo asesinado, junto a su compañera Clara Petacci, a manos de partisanos comunistas, cerca del lago Como, cuando en abril de 1945 intentaba huir a Suiza. Los cadáveres de Mussolini y de la Petacci fueron ultrajados, maltratados y colgados cabeza abajo en una gasolinera. Adolfo Hitler aprendió la lección dando órdenes de que su cadáver fuera incinerado en caso de ser capturado.


Muchas son las conclusiones que se podrían obtener para una organización y para sus directivos a partir de las acciones realizadas por Benito Mussolini en sus largos 23 años de gobierno; no obstante fijaremos la atención en una cuestión especialmente importante. Me refiero a la política de amiguismo y nepotismo practicada por el Duce con total descaro y desenvoltura.

Mussolini fue un practicante incansable y asiduo del amiguismo y del nepotismo. Cabe destacar como ejemplo más señalado el nombramiento de Galeazzo Ciano, su yerno, como ministro del exterior. Un directivo que mereciese el título de tal debería evitar con contundencia el amiguismo y, con mayor razón, el nepotismo en el momento de hacer nombramientos y adjudicar cargos en su organización. Hay empresas que tienen en sus políticas la exclusión de nombrar a parientes hasta un determinado grado para ocupar cargos de un cierto nivel. Podría decirse que eso impedirá contar con personas válidas para un puesto por el mero hecho de su relación parental con los directivos de la empresa. No obstante, la realidad ha demostrado reiteradamente que trae muchas más ventajas que inconvenientes el excluir a parientes y amigos para otorgar cargos y puestos directivos en las empresas. Lamentablemente, estamos asistiendo, sobre todo en las empresas públicas españolas, a una incontenible marea de nombramientos basados en el clientelismo, el amiguismo y el nepotismo, en detrimento de la utilización de la selección funcionarial como único sistema admisible. La disfuncionalidad en los nombramientos ha llegado a su cénit cuando se ha decidido, por razones de austeridad, no convocar oposiciones a funcionarios - el menos malo de todos los sistemas para captar personal - cuando, por otra parte, se siguen nombrando digitalmente a los amigos y parientes. Este comportamiento acaba siempre por degradar la situación hasta límites imposibles de mantener, produciéndose una explosión que puede llegar a descontrolarse. Luchar contra clientelismo, amiguismo y nepotismo debería ser objetivo básico de una organización que pretende alcanzar la excelencia.

La Batalla de Kosovo fue una batalla de profunda trascendencia y simbolismo, librada el día 15 de junio de 1389, festividad de San Vito. Se enfrentaron las huestes serbias lideradas por Lazar Hrebeljanović contra el ejército otomano del sultán Murad I. La victoria correspondió a los otomanos lo que supuso un auténtico trauma para la identidad y el sentido nacionalista de los serbios, sentimiento que perduró incluso hasta la desaparición de Yugoslavia a finales del siglo XX.

Se podría establecer un paralelismo entre la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y la de Kosovo (1389). En la primera las fuerzas cristianas se impusieron a las tropas del miramamolín de los almohades, dando por definitiva la derrota de los musulmanes después de tantos años desde la invasión de la península Ibérica en el siglo VIII. La autoestima de los cristianos creció enormemente mientras que los musulmanes dieron por perdida su ocasión de asentarse definitivamente en la península Ibérica. Si en las Navas de Tolosa hubieran vencido los islamitas seguramente la península Ibérica hubiera seguido en posesión de los hijos de Alá durante muchos siglos. Después de las Navas de Tolosa los musulmanes se fueron retirando paulatinamente de la península hasta que el 2 de enero de 1492 se produjo la expulsión definitiva de los últimos partidarios del Islam asentados en el reino nazarí de Granada y cuyo rey era Boabdil I.

En sentido contrario, la victoria de los otomanos en la batalla de Kosovo supuso la permanente frustración y humillación del soberbio pueblo serbio que se vio sometido durante muchos años al poder de los turcos.


Hay momentos definitivos en la historia en que una batalla o un determinado hecho concreto pueden provocar un impacto enorme capaz de condicionar una determinada situación por mucho tiempo. También en las empresas e instituciones una determinada decisión o circunstancia puede dar lugar a que se vaya en una u otra dirección durante muchos años.

En el campo de la informática hay decisiones estratégicas puntuales que pueden inclinar un platillo de la balanza hacia uno u otro lado. Así, por ejemplo, un concurso para seleccionar el sistema central de gestión de base de datos de la organización condicionará de forma profunda el futuro de los desarrollos informáticos durante muchos años. De ahí que en esos concursos convenga hacer un esfuerzo excepcional para conseguir el éxito. En esas ocasiones no se puede arrastrar los pies y actuar con miseria y cicatería; hay que poner toda la carne en el asador y entregarse con entusiasmo y decisión a la tarea de ganar un concurso tan decisivo.

Tener clara la importancia estratégica de una determinada ocasión es fundamental. Guiarse sólo por el dinero que se puede conseguir a corto plazo es un error. Primero hay que evaluar el posible impacto estratégico de una determinada situación y luego, en función de esa importancia, proceder oportunamente. Dejarse deslumbrar por un concurso con un alto presupuesto puede ser un grave error. En no pocas ocasiones un concurso de menor presupuesto puede tener una importancia estratégica mucho mayor que otro concurso de mucho mayor presupuesto. Tener muy claro en cada caso la importancia de unos y otros concursos es fundamental a la hora de emplear más o menos recursos y hacer un mayor o menor esfuerzo. No hay que buscar indicadores simples, como el del presupuesto, para tomar decisiones porque ello nos puede llevar a un espejismo y a cometer errores de los que nos acabaremos arrepintiendo bastante pronto.

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