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GALARDONES y DISTINCIONES

La historia del islam ha sido grande, convulsa, violenta y ha dado vida a sociedades con una capacidad de creación e imaginación espectaculares. Tuvo tiempos de auténtica gloria y también de decadencia al igual que le ha ocurrido a otras muchas civilizaciones. Su imagen se ha visto a menudo distorsionada por el hecho de haberse puesto el foco, de forma muchas veces interesada, en sus aspectos más negativos sin fijar la atención en sus aspectos más positivos que, por otra parte, han sido sin duda alguna mucho más abundantes y fructíferos.

Con sólo leer una de sus grandes creaciones literarias, Las Mil y Una Noches, nos podemos dar cuenta de la grandeza de la cultura islámica. Las Mil y Una Noches, es un conjunto sin par de novelas, cuentos, historias y narraciones tan interesantes como Simbad el Marino, Alí Babá y los cuarenta ladrones o Sherezade de la que, a modo de muñecas rusas, arrancan todas las historias. Esta gran recopilación de cuentos proviene de la tradición de Persia, lo que actualmente son Irán, Iraq, Afganistán, Tajikistán y Uzbekistán.

Según se cuenta, el sultán Shahriar descubrió la infidelidad de su mujer y, en venganza, la mata. Resentido por lo que le ha ocurrido y desconfiando de todas las mujeres, decide que sólo tendrá relaciones con cada una de ellas en una sola noche, matando a cada una de las mujeres al amanecer. Para ello ordena a su visir que le consiga diariamente una esposa entre las hijas de sus cortesanos. Sherezade, la propia hija del visir, consigue quebrar la voluntad del sultán. Para ello se ofrece como esposa al sultán y al llegar la noche le sorprende con la narración de un cuento. Éste se queda prendado de lo que cuenta Sherezade y, al llegar el amanecer, antes de acabar el cuento, la hábil mujer le promete al sultán que a la noche siguiente le contará el final de la historia. Efectivamente, así lo hace y después de contarle el final comienza con otro segundo cuento y, utilizando la misma técnica, sigue contando mil cuentos más. El sultán acaba enamorándose de Sherezade la cual le da tres hijos, levanta la pena impuesta y la historia acaba con un final feliz.


Una vez más la imaginación y la creatividad pueden resolver problemas que con herramientas más convencionales no hubieran podido encontrar solución. Sin lugar a dudas, con la sistematización, planificación, documentación, tenacidad, trabajo y estudio se pueden resolver sin mayor problema la mayoría de los asuntos; sin embargo, hay casos en que ello no basta y es cuando hay que aplicar la creatividad y la innovación para resolverlos.

Frente a lo que pudiera pensarse, la creatividad no es una ciencia infusa con la que únicamente están dotadas determinadas personas. Si bien es cierto que hay personas de naturaleza más creativa que otras, también lo es que la creatividad, al igual que otros valores típicos de cualquier profesional, puede fomentarse e incrementarse. La práctica, por ejemplo, del pensamiento lateral, puede resolver cuestiones que nunca encontrarían solución a través de métodos más convencionales. Si no se intenta ser creativo e innovador no cabe la menor duda que no se conseguirá serlo. Si se intenta, aunque pueda parecer sorprendente, se puede llegar a ser creativo.

En los tiempos que corren y dado el nivel de competitividad alcanzado por las empresas punteras, el recorrido para aumentar los valores más convencionales, es muy escaso. Sin embargo todavía queda amplio recorrido para aumentar la creatividad y poder diferenciarse de los demás. A ello es fundamental aplicarse.

Augusta Ada Byron King, más conocida como Lady Ada Lovelace (1815 - 1852), fue hija del poeta lord Byron, aunque su título lo heredó de su padrastro. Esta peculiar mujer escribió numerosos trabajos de tipo técnico e histórico en relación con la obra de Babbage, el padre de los ordenadores. Ada Lovelace definió por primera vez el concepto de programación y estableció la hipótesis básica de trabajo de los ordenadores, que ha llegado hasta nuestros días, al señalar que un ordenador sólo puede hacer aquello para lo que ha sido previamente programado. Se la considera la creadora de la programación informática. Murió muy joven, a los 36 años, lo que no le impidió hacer una carrera tan fugaz como brillante.
En el momento actual se conoce por hipótesis Lovelace esa forma de trabajo de los ordenadores. Frente a dicha hipótesis se contrapone la Inteligencia Artificial, en la que los ordenadores son capaces de programarse a sí mismos.
La informática Lovelace hace bien lo que el hombre hace mal (memorizar y tratar la información de forma previamente programada y muy rápidamente) y la inteligencia artificial hace mal lo que el hombre hace bien (pensar, imaginar, idear).


¿Llegará el día en que toda la informática se pueda desarrollar sin analistas y programadores? ¿Podrá la IA sustituir a usuarios e informáticos? Estas preguntas estarán latentes durante bastante tiempo. Seguramente, la respuesta final será que la inteligencia artificial no podrá sustituir a todos los usuarios e informáticos pero contribuirá a su clara  disminución.
Durante la década de los ochenta y de los noventa se habló mucho de la IA y se consiguió poco. En la primera década del 2000, se ha hablado poco de la inteligencia artificial pero se ha conseguido mucho. Es habitual ver como los asistentes virtuales se van abriendo paso en las páginas web de las empresas más importantes. Multitud de productos, aún bastante imperfectos, pretenden dar respuesta de IA a la resolución de determinados problemas. Casi sin darnos cuenta, ahora que se habla poco de ella, la IA irá avanzando de forma implacable hasta que acabe por rodearnos ¿Podrá sustituirnos? Yo creo que sin la menor duda.

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