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GALARDONES y DISTINCIONES

Cerca de la ciudad de Chernóbil, en Ucrania, el 26 de abril de 1986 se produjo el accidente nuclear más importante de la historia. Sólo los fallos de la central de Fukushima, en marzo de 2011, en Japón, se pueden acercar en gravedad a lo acontecido en Chernóbil. El accidente se produjo durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico; un aumento súbito de potencia en el reactor 4 de la central ocasionó el sobrecalentamiento del núcleo del reactor, dando lugar a la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. Para hacernos idea de la magnitud de la catástrofe, los materiales radiactivos liberados en Chernóbil supusieron una cantidad 500 veces superior a los liberados en Hiroshima. Los efectos de la radioactividad a medio y largo plazo serán enormes aunque difíciles de conocer tanto por su dificultad intrínseca para disponer de información como por el escaso interés de los gobiernos en publicitarlos. Un problema adicional al que todavía no se ha dado una solución definitiva consiste en que el sarcófago que se construyó con extrema urgencia para encerrar todo el material nuclear liberado en el accidente de Chernóbil, presenta deficiencias estructurales progresivas muy graves que pueden provocar el derrumbamiento del sarcófago con la consiguiente liberación de ingentes cantidades de material radioactivo. Se dispone de un proyecto para construir un nuevo sarcófago que, con un coste superior a los 1.000 millones de euros, permitirá dar respuesta definitiva al problema; parece que en 2016 se dispondrá del nuevo sarcófago.

Desde hace décadas se ha venido produciendo un claro enfrentamiento entre los partidarios del desmantelado de las centrales nucleares y los partidarios de su permanencia e incluso desarrollo como única forma de solucionar la creciente demanda de energía en el mundo. La experiencia de los grandes accidentes nucleares, el consiguiente rechazo por la sociedad de la energía nuclear y el paulatino desarrollo de las energías renovables indica que la energía del futuro se decantará finalmente hacia la desaparición de la energía nuclear de fisión dando paso a las nuevas energías renovables y, en especial, a la siempre soñada y nunca alcanzada energía nuclear de fusión, la cual no presenta ninguno de los  problemas de la energía nuclear convencional.

Lo que sí parece claro es que cualquiera que sea la decisión a adoptar tiene que hacerse con un enfoque sistémico a nivel mundial. De poco valdrá que un determinado país decida suprimir las centrales nucleares convencionales si en el país de al lado se apuesta por el mantenimiento y desarrollo de las centrales nucleares. Algo que parece obvio se ignora totalmente, adoptándose políticas que parecieran ignorar ese enfoque sistémico. España decidió en su día el "parón nuclear", lo que ocasionó el encarecimiento de su energía frente al de Francia, país que continuó desarrollando decididamente su energía nuclear. Parece de tontos pensar que si se produjera un grave accidente nuclear en Francia, España no se vería afectada por dicho accidente.

En cualquier caso hay que tener muy claro que la seguridad absoluta de la energía nuclear es imposible de alcanzar. El coste de la seguridad obedece a leyes de carácter exponencial y para conseguir disminuir progresivamente el riesgo, los costes se van disparando hasta imposibilitar el llegar a un nivel de seguridad deseable.


La seguridad de los sistemas de información presenta una similitud con la seguridad de las centrales nucleares. La gravedad de un fallo de la seguridad informática puede llegar a ocasionar un impacto de enormes magnitudes. Todavía no se ha producido un accidente similar al de Chernóbil o Fukushima, lo cual no quiere decir que no llegue a presentarse. Basta con imaginar lo que supondría el borrado de los ficheros de los mayores bancos del mundo. La catástrofe sería de dimensiones galácticas y provocaría una crisis económica que haría palidecer a la de 1929 o a la de 2008.

Así como hay una preocupación enorme por la seguridad de las centrales nucleares, no ocurre lo mismo con la seguridad de los sistemas de información. Los altos directivos son bastantes cicateros, salvo excepciones, en dedicar las inversiones y los gastos corrientes necesarios para llegar a un nivel aceptable de seguridad de los sistemas de información. La realidad es que en cuanto hay que hacer recortes presupuestarios en el campo de los sistemas de información se suele comenzar siempre por la seguridad. Esta actitud supone jugar con fuego pudiendo ocasionar riesgos de impacto dramático para cualquier organización basada en los sistemas de información, lo cual es más habitual de lo que parece. Bancos, compañías de seguros, brokers financieros, compañías aéreas, empresas de servicios sofisticados, se basan en gran medida en sus sistemas de información automatizados, por lo que escatimar en su seguridad es una actitud frívola y peligrosa.

Además, las nuevas tendencias en el campo de las tecnologías de la información, tales como la virtualización, el cloud computing, la movilidad en la gestión del negocio, la externalización de los sistemas, las redes sociales, implica nuevos riesgos de seguridad a los que hay que dar una ineludible y rápida respuesta pues, de no hacerlo así, los riesgos serían de consecuencias mucho más graves que los de una informática convencional. Chernóbil y Fukushima deben servir de referente para evitar tragedias similares por fallos de seguridad en los sistemas de información automatizados.  

Iván IV Vasilievich, conocido por Iván el Terrible, fue, junto Catalina la Grande y Pedro el Grande, uno de los tres zares icónicos de la Rusia imperial. Nació en 1530 y murió, a los 54 años, en 1584. Muchas e importantes fueron las acciones realizadas por Iván el Terrible; cabría destacar la nueva organización y centralización de Rusia, la conquista de Siberia, el establecimiento de un código penal de nueva planta, la aniquilación de la organización feudal del país con el desmantelamiento de los boyardos, la alta nobleza rusa, la creación de la Oprichnina, la guardia personal del zar y la policía estatal, integrada por la nobleza menor, la destrucción de la Orden de los Caballeros Teutónicos y la creación de unos estados generales propiciando una cierta participación popular.

Su perfil personal es complejo; hombre colérico y extremadamente cruel se ganó a pulso el título de Terrible. Una de sus aficiones consistía en arrojar perros al vacío desde la torres del Kremlin. Fue un auténtico psicópata y una personalidad bipolar capaz de cometer las más terribles crueldades, sobre todo a partir de 1530, después de la muerte de su primera y más destacada esposa, Anastasia Románovna Zajárina. Tuvo 8 esposas y se cuenta que desfloró a más de mil vírgenes, matando a los descendientes engendrados de dichas relaciones. En un acceso de crueldad asesinó a bastonazos a su hijo mayor el zarevich Iván. Según cuentan, su crueldad y locura se debió al tratamiento con mercurio de la sífilis que padecía.

Fue un hombre corpulento y musculoso, con un impresionante aspecto físico. También fue hombre culto con gran afición a la lectura. Durante su niñez, después de que su madre fuese asesinada por los boyardos, vivió despreciado y recluido miserablemente en el Kremlin, lo que, sin duda alguna, contribuyó a su cruel carácter.

A su muerte en 1584 le sucedió su segundo hijo Fiódor, cuyo débil carácter hizo que se convirtiera en un títere de los boyardos.


La centralización es una medida imprescindible si se quiere que las organizaciones funcionen adecuadamente. Además, esta idea se ve reforzada por las facilidades que proporcionan en el momento actual los sistemas y tecnologías de la información y las comunicaciones. Sólo mediante organizaciones centralizadas se pueden montar sistemas de información auténticamente eficientes y sólo se podrán montar sistemas informáticos eficientes si se cuenta con organizaciones centralizadas.

Hay muchos ejemplos de lo señalado. La gestión de la recaudación y de las pensiones de la Seguridad Social es altamente eficiente gracias a la centralización de su organización y procedimientos. Ello ha hecho, por otra parte, que se haya podido montar una informática centralizada con un alto nivel de eficiencia. Si se hubiese decidido trasferir a las comunidades autónomas la gestión de la recaudación y de las pensiones de la Seguridad Social, lo que estuvo a punto de ocurrir en no pocas ocasiones, no cabe la menor duda que, ante la actual crisis, las pensiones no se habrían podido pagar.

Lo mismo podría predicarse de los procedimientos y organización de la gestión tributaria del estado. Gracias a ello se ha podido desarrollar también una gestión eficiente de su informática lo que habría sido imposible sin su centralización.

A título contrario, las ineficiencias de la informática de la justicia y de la sanidad en España se deben a su dispersión organizativa y procedimental. En el campo de la sanidad, salvo alguna honrosa excepción, la informática se gestiona a nivel de hospital con lo que supone, por ejemplo, la imposibilidad de un modelo integrado de historias clínicas. A todo lo más que se puede llegar es a la gestión a nivel central de la informática de cada una de las comunidades autónomas, pero en absoluto a la de todo el estado. En la situación actual nos encontramos, como mínimo, con 17 informáticas distintas lo que implica un coste desmesurado y un elevado nivel de irracionalidad e ineficiencia.

La experiencia nos está demostrando que un cierto jacobinismo centralista no nos vendría nada mal.

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