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GALARDONES y DISTINCIONES

A lo largo de la historia, obras insignes de la arquitectura mundial se ha debido a arquitectos españoles. Cabría destacar el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, conocido como la octava maravilla del mundo. Su autor, Juan de Herrera, y otro conjunto de arquitectos españoles de primerísimo nivel, por citar sólo algunos de ellos, han dado al mundo obras insignes como el Museo del Prado de Juan de Villanueva; La Sagrada Familia o La Pedrera de Gaudí; el Palacio de Correos, el Instituto Cervantes y el Palacio de Bellas Artes de Madrid de Antonio Palacios; el nuevo puente de Venecia y la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia de Santiago Calatrava; la Catedral de Los Ángeles y la ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo; y Torres Blancas de Sáez de Oiza.

Toda una innumerable relación de arquitectos españoles como los citados, han dado lugar a numerosos edificios y espacios humanos, modernos y confortables, conformando una España adecuada para una cómoda convivencia en común.


La arquitectura debe promover y facilitar la convivencia de las personas; también la ingeniería informática debería dedicar una atención especialísima a la amigabilidad en el manejo de los aplicativos clásicos de gestión, de Internet, de la consumerización y movilidad, de las redes sociales, etc. Esa amigabilidad debería alcanzar a todos los potenciales usuarios. No basta con prestar sólo atención a los nativos digitales, también hay que proporcionar sistemas amigables a las personas en su edad de madurez y a la tercera edad.

Focalizando la atención en dicha tercera edad, tenemos que ser muy conscientes de que la cronicidad en materia de salud- la cual se lleva el 80% del presupuesto sanitario español - exige la utilización intensiva de las tecnologías de la información y de las comunicaciones y en esa utilización el sujeto activo fundamental es el paciente crónico anciano. Las personas de más de 80 años también tienen que poder utilizar los dispositivos electrónicos con agrado y facilidad. Empeñarse que sólo los nativos digitales son los que pueden manejar los dispositivos electrónicos supone errar el tiro de medio a medio. Los profesionales TIC deberían dedicar un esfuerzo muy considerable para facilitar al máximo la amigabilidad de aplicativos y dispositivos electrónicos tanto para jóvenes como para ancianos. Esa será la única forma de obtener buenos resultados sobre todo en un país como España que es de los países más envejecidos del mundo.

Charles de Gaulle (1890-1970) fue un eminente militar y político francés que llegó a ser presidente de la República Francesa entre 1958 y 1969. Durante la Segunda Guerra Mundial consiguió codearse con los jefes de estado de los países aliados a pesar de no contar con peso específico real dado que Francia estuvo invadida por Alemania durante casi toda la guerra. Fundó en su exilio en Londres el movimiento «Francia Libre» en contra del gobierno de Vichy. Tras la liberación de Francia, encabezó el gobierno provisional de la República hasta 1946.

Fue el creador de la V República y el impulsor de una nueva constitución de carácter ampliamente presidencialista con la elección directa del presidente por sufragio universal, siguiendo más el modelo de los Estados Unidos que el de los países europeos. Hábil negociador, con el apoyo de Churchill, obtuvo y consolidó un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con el consiguiente derecho de veto.

Supo trasmitir como nadie a todos sus conciudadanos el sentido de la grandeur française manteniendo posturas firmes e independientes cuando lo consideró oportuno aún a riesgo de molestar a sus propios aliados; a título de ejemplos cabría destacar la salida de Francia de la estructura militar de la OTAN o el veto para que el Reino Unido entrase en la Unión Europea al considerar que la Gran Bretaña carecía totalmente de espíritu europeo. Durante su presidencia tuvo que gestionar la concesión de la independencia a Argelia, asunto que provocó auténticas convulsiones en Francia.

Fue un auténtico demócrata que acudió a nuevas elecciones o a la convocatoria de referéndum cuando estimó que era necesario preguntar al pueblo su opinión y lograr su apoyo. En momentos cruciales como durante la Revolución de Mayo del 68 salió del impasse al que se había llegado convocando elecciones generales que ganó con rotundidad. Poco después convocó un referéndum en busca de apoyo a la nueva estructura territorial de Francia; al perderlo dimitió de su cargo de presidente. Cuando comparamos el comportamiento de los políticos actuales con los De Gaulle, los Adenauer o los Churchill, nos podemos dar cuenta de la enorme diferencia existente entre los primeros y éstos.


La independencia de criterio, tal como siempre hizo el general de Gaulle buscando lo mejor para Francia, debería ser la actitud que tendría que adoptar cualquier alto directivo en una organización. La actitud pactista y pastelera buscando quedar a bien con todo el mundo aunque ello pudiera suponer determinados perjuicios para su empresa o institución, debería quedar excluida en la forma de actuar de un directivo. Una cosa es negociar y otra muy distinta es pastelear. La Real Academia define pastelear como "contemporizar por miras interesadas". Los únicos intereses por los que un directivo tiene que luchar son por los de su empresa o institución. Un comportamiento ético intachable es la única actitud admisible para un alto directivo.

Al igual que hizo el general De Gaulle, todo directivo debe coger el toro por los cuernos e intentar afrontar cualquier situación que se presente por compleja y peligrosa que pudiera ser. Poner paños calientes e intentar dejar que pase el tiempo sin atacar los problemas de frente lo único que ocasionará es que la situación se deteriore cada vez más imposibilitando solucionar los problemas que el tiempo, sin duda, habrá agravado.

Para resolver problemas hay que asumir riesgos que, sin duda, podrán ocasionar indudables perjuicios personales. A pesar de ello, el alto directivo debe estar dispuesto a dejar su posición si con ello contribuye a la mejora de su empresa. A largo plazo su prestigio será reconocido y su comportamiento acabará redundando en beneficios personales para él.  

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