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GALARDONES y DISTINCIONES

La historia de la ciencia y de la técnica ha condicionado la historia del mundo y de todas las sociedades. Frente a lo que quieren creer muchos pensadores la realidad es que la ciencia y la técnica son los que verdaderamente mueven al mundo. Marx decía que la economía es la que condicionaba todo pero no es así. Lo que condiciona todo son los descubrimientos científicos y sus derivados los inventos prácticos surgidos del conocimiento científico.

En la historia de la humanidad nos encontramos con miles de ejemplos en que la técnica lo ha condicionado todo. La Segunda Guerra Mundial la acabaron ganando los aliados occidentales no porque fueran los buenos y los nazis los malos, sino porque los americanos descubrieron antes la bomba atómica que los alemanes y japoneses; si la hubieran descubierto primero éstos últimos la historia hubiera sido muy distinta.

Donde todavía los descubrimientos han sido muy parcos es en lo que se refiere al propio cuerpo humano. Sólo en estos últimos tiempos se está empezando a avanzar en este campo. En la novela de Mary Shelley, Frankenstein, es donde se plantea con más intensidad el tema de las implicaciones que la técnica puede tener sobre el propio hombre.

Es altamente curiosa la génesis de una tan exitosa novela como Frankenstein. Durante 1816, como consecuencia de la erupción del volcán Tambora, no hubo prácticamente estío en el hemisferio norte. En ese verano el poeta Percy Shelley y su mujer hicieron una visita a su amigo Lord Byron, que en ese momento vivía en Villa Diodati, en Suiza. Sin poder hacer excursiones a causa del pésimo tiempo, a Byron se le ocurrió retar a sus dos amigos y a su médico personal, John Polidori, para que cada uno escribiera un cuento de terror. Frakenstein fue el cuento que escribió Mary Shelley. Se considera a la novela Frankenstein como la primera novela de ciencia ficción de la historia.

El argumento de la novela se refiere al joven doctor Frankenstein el cual decide fabricar un ser vivo a partir de trozos de cadáveres obtenidos en sepulturas. Después de seleccionarlos y ensamblarlos consigue dar vida al monstruo a través del chispazo producido en una diabólica máquina de su creación. Asustado del monstruo que ha creado huye y el terrible ser, en venganza por el rechazo que detecta en los hombres, comete asesinatos y, en especial, el de su pequeño hermano William. Dispuesto a acabar con el monstruo, Victor se dedica a perseguirle pero, antes de lograrlo, muere en los hielos del Ártico. Al final, el monstruo también decide autodestruirse.


¿Se puede considerar a Frankenstein como una obra en que la tesis fundamental es el peligro de perversión que puede ocasionar el desarrollo de la ciencia y de la técnica? Si Mary Shelley ya planteó este problema cuando aún el desarrollo científico no había llegado ni de lejos al que actualmente se tiene, imaginemos las perversiones que el desarrollo de la ciencia y de la técnica podrían ocasionar.

Que los nuevos inventos pueden ocasionar tragedias es algo muy cierto, pero, en contrapartida, también pueden traer, y han traído,  muchos beneficios. Se puede asegurar que todo lo que se pueda descubrir teóricamente, acabará siendo hecho realidad en uno u otro lugar del mundo. No se puede poner puertas al campo. La ciencia y la técnica deben ser encauzadas de forma adecuada pero nunca prohibidas. Intentarlo será imposible.

La informática y las telecomunicaciones han experimentado un desarrollo espectacular. Las aportaciones que se han conseguido gracias a estas tecnologías han ocasionado bienes inimaginables hace sólo unos años. Sin duda el saldo es altamente positivo y continuar su desarrollo es imprescindible. Hay que controlar al monstruo pero no destruirlo. Además, aunque se intentase, sería imposible conseguirlo.

Las epidemias siempre han sido, al menos hasta estas últimas décadas, uno de los motivos que ha provocado más alarma y terror entre los ciudadanos. Baste con recordar la epidemia de la peste negra que se extendió por casi toda Europa en el siglo XIV y que tuvo su mayor virulencia entre los años 1347 y 1353. Como consecuencia de la peste negra se estima que murieron más de 25 millones de personas, un tercio de la población europea de la época.

En la novela Muerte en Venecia, Thomas Mann describe los absurdos en que se incurrió como consecuencia de la peste que asoló Venecia a comienzos del siglo XX. Muerte en Venecia es la historia del compositor Gustav von Aschenbach quién huye de sus desgracias: la muerte de su hija y la separación de su mujer. Para ello se retira al Lido de Venecia donde conoce a un joven polaco de gran belleza por el que siente un amor platónico. La novela es la crónica de la huida de la propia vida y de la decadencia de un ser humano, solitario, complejo, culto, tímido, pasional y torturado por sus circunstancias personales. La decadencia del protagonista se ve reforzada ante el contraste con la juventud y esplendor del joven Tadzio, hijo de una aristocrática dama polaca que veranea con sus hijos en el Lido.

En la novela se describe también una epidemia de cólera en la que la desinformación es total y el miedo cunde entre los venecianos y los viajeros sin saber qué hacer ni cómo actuar. Al final de la novela, la salud de Aschenbach decae y el protagonista muere en la inacción total contemplando a su amado Tadzio.


La novela da pié para reflexionar sobre la forma de gestionar acertadamente una situación problemática que no admite espera. La descripción de la epidemia es ejemplo paradigmático de actuación equivocada, llevando al desastre a los afectados por la misma.  Se hace patente el ocultismo y la rumorología sin que nadie esté dispuesto a actuar. La actitud más común de no pocos profesionales es la de impedir reaccionar a tiempo cuando se presentan situaciones críticas. Si éstas se afrontasen con orden y diligencia se resolverían mucho mejor; sin embargo, dejándolas pudrir acaban por deteriorar la situación severamente.

Si se detecta un problema hay que proceder a reflexionar de inmediato en la forma de cómo resolverlo, sin adoptar la nefasta y tan extendida actitud de dejar que el tiempo solucione el problema, lo cual no ocurrirá nunca. La inacción, la parálisis y el esperar que todo se solucione por si sólo esperando que, como en la novela, alguien resolverá la situación, nos conducirá, antes o después y más bien antes, al desastre. Detectada una situación problemática hay que ponerse a resolverla de inmediato, dotando los medios oportunos y sin esperar a que el problema se agrave.

Esta consideración es especialmente importante en el caso de los centros informáticos en los que, ante el surgimiento de una incidencia por poco importante que sea, hay que actuar de inmediato para solucionarla lo antes posible. Las incidencias de los sistemas automatizados de información tienden a degenerarse a una velocidad y aceleración notables por lo que la rapidez de reflejos en reaccionar es extremadamente importante. Para actuar de inmediato en las emergencias es indispensable el tener previsto en una determinada instrucción quienes son los responsables de la actuación y cómo tienen que afrontar el problema en función de su naturaleza. La improvisación sólo llevará al caos.

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