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Comentarios TIC diarios sobre monumentos históricos extraídos
de la Agenda DINTEL 2014
de Pedro Maestre Yenes, editada por Fundación DINTEL

Compañía Asturiana de Minas. Madrid. EspañaEn la Plaza de España de Madrid, junto al Senado, se alza la que fuera Real Compañía Asturiana de Minas. Hoy es sede de la Consejería de las Artes de la Comunidad de Madrid. La citada Compañía Asturiana de Minas fue una compañía belga con instalaciones en España, Noruega, Francia, Bélgica, otros países de Europa y Norte de África.

El deseo de los propietarios de grandes instalaciones industriales hizo que se construyeran hermosos edificios en aquellos países con los que mantenían estrechas relaciones comerciales y productivas. Ese es el caso de la citada Compañía Asturiana de Minas. Su excelente diseño y cuidada calidad de construcción nos hace admirar el talento de sus directivos para promover edificios tan cuidados y singulares. Sus hermosos balcones, sus espectaculares miradores centrales, sus amansardadas ventanas de la última planta del edificio, los graciosos torreones de los extremos y, sobre todo, el esbelto e impresionante torreón central, prestan al edificio una espectacular perspectiva.

El edificio fue diseño del arquitecto Manuel Martínez Ángel, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y directivo de la Compañía. Fue construido entre los años 1891 y 1899, en estilo ecléctico monumental, típico de finales siglo XIX y principios del siglo XX.


El prurito que tenían las empresas hace un siglo nada tiene que ver con el actual. Antes tenían a gala poseer sus propios edificios mientras que en la actualidad todo es alquilado proporcionando una sensación de provisionalidad y volatilidad total. Antes se identificaba a una empresa con su edificio social, en este momento vemos como los edificios más conocidos pasan a ser sedes de diferentes compañías. Antes había una identificación biunívoca entre la empresa y el edificio de su sede principal. En este momento ya no ocurre eso.

Sólo las instituciones oficiales, y no siempre, suelen asociar edificio con la correspondiente institución. El Ministerio de Agricultura, que yo recuerde, siempre ha estado en el enorme y espectacular edificio de la plaza de Carlos V, el Museo del Prado sigue en el mismo edificio desde que se creó, el Ministerio de Fomento o de Obras Públicas siempre ha estado en los Nuevos Ministerios, el Ministerio de Asuntos Exteriores en el Palacio de Santa Cruz, el Ministerio de Educación en la calle de Alcalá, el Ministerio de Hacienda en la Casa de la Aduana, etc.

Es curioso que, en la actualidad, la identificación de una empresa esté mucho más asociada a un logotipo que a un edificio. Esto es mucho más evidente en el caso de las multinacionales. En estos momentos, sin el menor género de dudas, el valor económico de su logotipo es mucho mayor que el de sus edificios. Los logotipos de Coca Cola, de Vodafone, de Nike, de McDonnalds, de IBM alcanzan cifras auténticamente colosales. Las piedras han dejado ser el símbolo de las empresas, su auténtico símbolo es el logotipo y la marca comercial
.

NiemeyerOscar Niemeyer fue un longevo y prolífico arquitecto brasileño fallecido en 2012 a los 104 años de edad. Su obra más conocida y espectacular es la ciudad de Brasilia. Una de sus últimas obras es el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés cuya inauguración tuvo lugar en 2011. El propio Niemeyer refiriéndose a ese centro cultural dijo que se trataba de «una gran plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un gran palco de teatro sobre la ría y la ciudad vieja. Un lugar para la educación, la cultura y la paz».

El estilo del "Niemeyer", como así suele ser llamado, reúne lo substancial de lo que ha sido su arquitectura más personal y conocida. Su obra destaca por sus líneas curvas y por sus colores, rojo, amarillo y azul. La relación de Niemeyer con Asturias se debe a haberle sido concedido el premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1989. En agradecimiento al premio recibido, Niemeyer regaló a Avilés el diseño del Centro Cultural de Avilés.

El Centro Niemeyer cuenta con cinco elementos perfectamente diferenciados:

- La plaza: abierta al público, en la que se programan actividades culturales y lúdicas. Refleja el concepto de Oscar Niemeyer de un lugar abierto a todo el mundo.
- El auditorio que con un aforo de 1000 espectadores, cuenta con un escenario que se abre al propio auditorio y a la plaza.
- La cúpula, un espacio expositivo diáfano de aproximadamente 4.000 m2 para exposiciones de todo tipo. Este edificio tiene también funciones de museo.
- La torre que actúa de mirador sobre la ría y la ciudad.
- El edificio polivalente que alberga el Film Centre, el gastrobar, varias salas para reuniones, conferencias, prensa y, exposiciones, la tienda y un espacio educativo.


Es admirable que se haya sido capaz de contar con Niemeyer - uno de los más importantes arquitectos del siglo XX - para llevar adelante un proyecto que dignifica a la ciudad de Avilés. Niemeyer no dejó nunca de trabajar hasta su muerte a los 104 años de edad. Su mentalidad siguió aportando la misma creatividad e imaginación a sus más de 100 años que cuando realizó sus grandes obras hace más de 50, 60 o70 años años. Hay que recordar que Brasilia es un proyecto de los primeros cincuenta iniciándose su construcción en 1956.

Cuando se contempla el centro Niemeyer de Avilés llama la atención la juventud de su diseño. Las ideas de Piet Mondrian y de la Bauhaus aparecen con igual o más fuerza que nunca. Su espectacular diseño y colorido siguen estando plenamente vigentes sin perder un ápice de su fuerza; y todo ello a los 100 años.

Personajes con Niemeyer nos tienen que hacer pensar que eso de la jubilación a los 65 años sólo debería quedar para los profesionales rutinarios y sin ninguna capacidad de imaginación. La actitud de Niemeyer me hace recordar la del gran teórico de la organización, Peter Drucker, que a sus 80 años estuvo pensando dejar ya de escribir. Su mujer le animó a que continuase su extensa producción literaria y ello le animó a seguir adelante. Todavía escribió más de diez nuevos libros hasta que le llegó la muerte en 2005 a los 96 años de edad.

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